
He escuchado este término en muchas ocasiones. Se dice que un minuto debajo del agua se siente como una
hora… bueno yo tengo otra versión.
Después de incontables horas de conversaciones telefónicas por fin conocí al hombre que ha despertado mi interés en los últimos dos meses. Sentí magia y química en cada una de aquellas
horas de llamadas… y esperaba con ansia (y muchos nervios) el momento de conocerlo. Me sentí viva…emocionada, ilusionada, me daban ataques de risa sin razón… en fin viví
horas en que mi corazoncito se sintió latir fuerte.
Pero pues así como la relatividad también existe la realidad y al parecer no es lo mismo
horas detrás de un teléfono que
horas de frente a frente… por qué? Porque la realidad existe, porque si tienes gripa no tienes ganas de estar
horas con una persona que apenas conoces, porque si pasas mucho tiempo sola empieza a costar más trabajo estar
horas expuesta a estarse comunicando y tratando de gustarle a la otra persona.
Porque si, por más que quisiera decir que estoy orgullosa de que lo que soy y de lo que tengo… muy adentro de mi pienso que si le echo muchas ganas, si invierto muchas
horas encontrare el amor. Ese amor del que la gente habla, en donde dos personas se sienten simplemente cómodas la una con la otra, ese amor que hace que brinque tu corazoncito cuando te ve a los ojos, ese amor que hace que hagas lo que sea, por
horas y sin cansarte tan solo por verle sonreír.
A veces dudo, si esto existe y pasara de la noche a la mañana, de un flechazo, como tantas leyendas urbanas que he escuchado… o esto es lo que me han dicho que existe y la gente que me rodea espera que encuentre. Cuantas
horas más tendrán que pasar para responder esta incógnita.